viernes, 31 de diciembre de 2010

Sombras

El televisor proyecta luz contra mi pierna, que forma sombras chinescas en la pared.

No son palomas ni conejos, esas formas.

Son un revólver, un gatillo, el triángulo de las Bermudas con algunos portaviones hundidos en una época que escapa a los recuerdos propios y ajenos, el ladrido de un perro, un órgano que suena en el fondo del mar, una mujer que pereció hace algunos siglos, pero que aún no se descompone (canonizada sería si la encontrara el cura de la única parroquia que se sostiene sobre pilotes en el riachuelo), un gasoducto que cruza el desierto y varias fronteras. Tres guerras, algunas epidemias y solo un tiempo de paz.

Sombras chinescas. Pared. Mi pierna. La luz proyectada y la vaca, que nunca estuvo ahí.

Aún aquí

No sé que me hizo pensar que Diciembre se había ido.

Un piano suena, una radio me lo acerca. Algunas voces lejanas llegan desde las mesas del bar y se confunden las lenguas de esos individuos en mi. Quiero su silencio, porque no me interesan sus historias que contaminan mi bosque, mis cárceles, el camino no andado y a la bestia.

Las fosas nasales se abren (las mías) como si fueran las branquias de un pez, tienen náuseas, quieren vomitar el aire infectado con olor a desodorante que se desprende de las axilas de un fulano que viene bajando la escalera. Hedor a periferia.

Diciembre resiste y resisten con él los cánceres que había jurado estaban secos.

Diciembre sigue aquí. Diciembre aún eyacula.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Diciembre

Se parten mis vidas, se fragmentan. Las ampollas me pueblan los dedos, los de las manos y los de los pies. Las uñas no crecen (no se los permito) y yo me muero. Me muero hoy.

La periferia me agobia, avanza, me quiere traspasar, meterse por mis poros, intenta que forme parte de ella. Quiero resistirme, pero si por lo menos hubiera anotado la ubicación de la cárcel, para volver a ella. Si por lo menos el bosque me digiriera.

Camino otra vez, otro rumbo, sin bosques y sin cárceles, creo, aparece delante mio. No cargo mochilas. Mentira, si cargo una, porque la bestia viene conmigo.

Diciembre se va fértil, como febrero se fue estéril.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Si se calman

Si se nos calman los úteros nos reencontraremos. Es una epifanía en la víspera de navidad, o varias.

Úteros convulsionados, agitados, en retirada y en avance, en plena contracción o en diáfana expansión. Al borde de la rotura los úteros nos han separado por unas horas, unos días o semanas. Tal vez.

Cuando se sincronice nuevamente nuestro fluido, nuestra tela y sus costras, será.

martes, 14 de diciembre de 2010

Piano secuencia [sin el piano]

Una tarde cualquiera, una esquina de Nueva York.
La vaca, tampoco estuvo ahí.
Sus ausencias, se suceden.









lunes, 13 de diciembre de 2010

Conjugados

Me baño, pero no puedo sacarme de encima el maldito olor a pájaro muerto que entra por las rejillas de esta casa. Ya no sé con que refregar mi piel, el olor llega y se me pega, el agua que cae caliente, hirviendo sobre mi cuerpo no lo derrite, no lo quema, no le hace mella, ni siquiera lo limpia.

La bestia me mira por el espejo, no está en la habitación, ni en el baño, pero sí está en el espejo. Hoy lo habita. Me mira, decía, y se sonríe, sabe que mis intentos son vanos. ¿Piensa que yo no puedo contra los pájaros?

El bosque crece, se agiganta y me encierra, de repente no son árboles ni hojas, solo cuervos, algunos negros y otros azules los que lo conforman.

Las vacas se fueron, la buscaron a ella, me consta, pero inútil era su búsqueda, ella nunca estuvo ahí.

Un colibrí chupa mis intestinos y el esqueleto de un gorrión anida en mi útero, yo sé que hubiera querido mi hígado, pero no encontró el camino, como las vacas, que nunca llegaron a Santiago de Compostela.

En el pasillo hay olor ajo. Me río. La bestia se da vuelta en el espejo con la intensión de dormir y yo me siento en la bañera a esperar que el hedor a pájaro se conjugue con el del ajo y juntos se me unten en la piel. Pienso, si por lo menos oliera a vaca.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Estigma

Es estigma en mis sueños. Allí se hace marca. Lo vi aparecer vivo, agonizante, con la mirada vacía y muerto. Lo he visto, casi siempre, del otro lado de la ventana, multiplicarse detrás de ella. Ha sido gorrión, paloma, cuervo, mi tortura, mis imposibilidades, cierta insensibilidad y también mi indiferencia, ha sido todos ellos, el pájaro de mis sueños.

Hoy no eligió la noche ni mi dormir, hoy se hizo estigma en el vidrio mismo. Lo vi esta mañana, me quedé parada frente a su marca, sonreí con el alma dolorida. Había trascendido los sueños, zombi, transitaba mi dimensión consciente.

No sé si murió por el impacto. No sé si simplemente vino a redimirse, a redimirme o a aterrorizarme, mostrándome que conoce el camino, que para él no hay fronteras que separen el sueño de la vigilia.

Hay otro asunto en esto, una coincidencia, fortuita (?),que me deja intranquila; al igual que en mis sueños, de la marca que ha dejado en mi ventana elijo perderme en lo que es o fue su mirada.

Marca delineada en el vidrio

Marca en el vidrio sin delinear

viernes, 10 de diciembre de 2010

Periferia

Esta madrugada la periferia se manifestó. Entendí que existo allí también y no solo en mis vísceras, mi piel, el vómito y la bestia, el bosque y las cárceles.

Pienso, en la somnolencia de la hora, que creo que eliminaré mi ser de la periferia. No me entusiasma su existencia allí, no sé si quiera explorarla, no sé si quiera conocerme en ella. Me apuñala los ojos el saberla. Me acribilla el paladar el olerla. Se incendian mis órganos ante la posibilidad de ser tocados por sus venenos y sus gases, por sus novedades.

Si la periferia no se derrumba me suprimo de ella.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Nómades

La bestia y yo somos nómades. Siempre hemos estado de un lado para el otro, construyendo desapegos, perpetrando búsquedas perfectas que nunca encuentran nada, hemos dominado ese arte, a fuerza de maña diría yo; estamos seguras de nuestras búsquedas inconclusas, truncas, truncas como el árbol debajo del que estamos echadas.

Hoy seguimos en el bosque, ella duerme aún, yo no he podido pegar un ojo, después de que me hablara esta mañana, quizá ayer por la noche, quién sabe cuando fue en realidad, a quién le importa, el tiempo no es un problema para la bestia y para mi. Nuestros relojes se detuvieron hace algunas décadas, los que llevábamos en la mano izquierda, porque ahora usamos otros en la derecha, pero esos no nos importan, porque son funcionales y solo nos dicen la hora.

La odio, a la bestia, odio su belleza cercana, odio su ternura y la dulzura de su mirada, extraviada y llorosa, odio su voz fría que corta mi corazón con cada palabra, que hace orificios en mi cuerpo, por donde entra el espanto que me derrota.

Quisiera matarla, pero si la mato a ella me muero yo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Esta vez, otra vez

La bestia le susurró al oído.

No la escuchó llegar, tampoco supo que habían vuelto al bosque, pero lo entendió inmediatamente, cuando sintió su aliento, que allí estaban ambas.

El aliento de la bestia no era fétido ni hermoso, no era claro ni oscuro, ni cálido o frío. El aliento de la bestia estaba cifrado y ella lo había dilucidado un par de años atrás. Sintió su aliento. Tuvo miedo.

Había dormido, pero había perdido la noción de cuándo el sueño la había devorado, a ella, que siempre se había vanagloriado de controlarlo.

Estaba despierta ahora, desnuda sobre las hojas, le dolía la garganta, tenía anginas; la bestia estaba tendida a su lado, eran como dos perros mojados...la bestia tenía los ojos inyectados, no por la furia, sino por el llanto. Sus ojos siempre lloraban, ella lo sabía, desde la primera vez que la había visto, no hacía más de dos años, cuando había bajado a buscarla.

Se miraron, la bestia habló, le dijo lo obvio, suavemente, lo que se cifra en los ciclos y el miedo fue puñal que le abrió el corazón. Ella no podía responderle por las anginas. Lloró, ahora la que lloraba era ella, por la impotencia de no poder articular palabra, por la frustración de no ser capaz de escupirle las anginas ensangrentadas en los ojos. Por no poder decirle: esta vez no.

La bestia suspiró, se sonrió, entendiendo quizá lo que ella no había podido manifestar y con condescendencia le aclaró: 'esta vez' significa que hubo otras veces antes, 'esta vez' es otra vez repetida, repetida, repetida.

La bestia se durmió, con paz en el rostro, pero ella no pudo por miedo a la locura. Tembló, prefería cárceles y anestesia (otra vez, otra vez, otra vez).

viernes, 3 de diciembre de 2010

Quiero

Quiero hoy, pero lo quiero sin mi ombligo.

Me molesta, deseo borrarlo de mi cuerpo.

Odio las cosas que no pueden ser extirpables.

Quise ayer, porque mi mamá me ama.

Hay sol, pero está nublado.

Composición. Tema: la vaca.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Peregrinas

Las vacas recorren mis intestinos, lo caminan, peregrinas, lentas, cansadas. Rumian. Gimen mientras avanzan. Sus estómagos están vacíos, pero aún tienen aliento a hierba húmeda que sin quererlo (ni ellas ni yo) me refresca por dentro.

No partieron de Santiago de Compostela, nunca llegaron a Roma ni llorarán en el muro de los lamentos. No se bañaron en las aguas del golfo, ni bucearon las muertes del toro en una plaza colombiana. Me caminan los intestinos en cambio: la buscan a ella, que nunca estuvo allí.

3,33 periódico

Te expulso y muero, busco vacío en mí, pero tu naturaleza metastásica echa raíces y ramas y ahí estás de nuevo. Intento, intento, intento. Te reproducís. Se fotocopian tus cánceres adentro mio. Fracaso.

Te escribo para matarte, te escribo para morirme. Es en vano, fracaso, seguís creciendo.

Es agotador este asesinato que no termina de perpetrarse. Fracaso. Cada letra una puñalada, cada puñalada una muerte inconclusa que germina en parásitos, larvas, copulan, me habitan, son millones, me pueblan, son pueblo en mis órganos, son colonias en mi garganta, son mugre en mis víceras. Una agonía ligera que se ríe como hiena. Risa que retumba en mi cráneo y se transforma en alfileres que me pinchan el cerebro.

Escribo para matarte y morir y no muero y vivís. Te regenerás. Fracaso. Intento, pero fracaso.

Mi garganta llora aire. Mis ojos no tienen lágrimas.

(y sigue hacia el infinito)


miércoles, 1 de diciembre de 2010

martes, 30 de noviembre de 2010

Escucho

Una puerta se abre, despacio, puede ser que sea de madera.

Quizá sea solo el sonido del viento, pero la escucho, yo. Quizá la puerta exista en el departamento de al lado, quizá exista en el jardín y allí cruja, allí rechinen sus bisagras.

¿y si la puerta está en mi comedor?

Cercana, la puerta.

En mis oídos, la puerta.

Son las tres de la mañana, tengo sueño, tengo miedo.

Tres es múltiplo de nueve, pero no de nueve y un poquito.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Cifrado el 9

Son las 9 de la noche, pasadas, el número aparece nítido y revelador. Pateó mi hígado con fuerza dejándome al borde del vómito, a un segundo de la asfixia, esta mañana, esta tarde.

Esta noche, sin embargo, se desvistió en mi mente, fue prepotente y crudo; me susurró que en él se cifran los ciclos.

Me ahogo. Por tercera vez el número me hostiga. Marca, demarca, me marca.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Huesos

Hueso, antes hueso, hueso vivo, ya no más, murió, enamorada del muro se valió de algunos gusanos, de dos orificios en las plantas de los pies para entrar y donde antes había médula ahora hay savia recubierta de vegetal, la que chupó la gelatina del hueso, trepó, reptó, se deslizó, comió la vida, la parasitó en realidad y cuando llegó a las clavículas, los huesos, que ya estaban muertos se desgranaron, pero el cuerpo no se desplomó, invertebrado y viscoso se sostuvo informe y enamorada del muro se hizo carne en la garganta, se hizo nudo, bollo, manos, pies, lenguas, cientos de ellas, caracoles, pelos, algunos cienpiés, arena, hojarasca, clavos de olor, pimienta en grano y ajíes de los que pican, rosca de reyes y un saxofón. No pudo vomitar. Murió asfixiado, el cuerpo. Murió invertebrado, el cuerpo.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Por donde entraron

Me conformaron los pájaros. Los procesos por los que se integraron fueron variados. Al principio yo tenía un cuerpo, como el de cualquier ser humano, pero ya no, ahora no sé si siquiera tengo alma.

Los primeros pájaros me entraron por la boca. Yo la cerraba fuerte, apretaba los dientes, pero un pájaro grande se las ingeniaba para meter su pico cerrado entre mis labios, abrirlo y entonces abrirme. Le dio paso a otros pájaros, eran cuervos, esos pájaros.

Empezaron a meterse en mi boca, primero de a uno, luego de a muchos. Sus plumas se me pegaban en el paladar, se me incrustaban en la garganta. Hubiera querido toser, vomitar, escupir, hasta producir llanto en mis entrañas y evacuarlo por mi boca pero nada de eso pasó. Ellos entraban, se deslizaban por el esófago, como un tubo endoscópico, pero rompiendo mis órganos.

Así se metieron los primeros pájaros. Pensé que iba a morir, pero ahí seguía yo, con ellos adentro.

La segunda tanda entró por mis venas. Volaron unos cuantos desde un árbol, un árbol cargado de pájaros, un árbol formado de pájaros y se me posaron en las manos, eran colibríes. Con esa suspensión particular que logran en el aire se detuvieron a la altura de mis muñecas y detrás de mis rodillas y me picaron las venas, les hicieron agujeros, pero la sangre no caía, los esperaba como un riacho virgen a ellos, los pájaros, para que la nadaran. Y resulta que ahora los pájaros nadan.

La última tanda se me metió por el ombligo, pero no hicieron mucho esfuerzo, no, escondían el pico entre sus alas, como cuando duermen y con la cabeza empujaban hacia adentro de mi, abriéndose paso. Y desde adentro rompieron mi piel, quizá se la comieron, pero luego me prestaron sus plumas, sí, para que mi órganos pudorosos no quedaran desnudos.

Los cuervos mataron a los colibríes, por lo que ahora estoy hecha de cuervos, llena de ellos, pero no puedo volar. Inútiles seres.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Seco

Corrió toda la noche.

Al principio corrió en sus sueños y luego siguió corriendo ya despierto, incluso corrió despierto mientras soñaba.

Del cuerpo le habían extraído el líquido, tenía la garganta ardiente y la boca áspera, las manos secas y las uñas resquebrajadas, como papel quemado que se deshace de tan solo mirarlo. Sus piernas eran un desierto curtido y la cara, la cara se le había agrietado.

No le quedaba saliva. No le quedaba escapatoria.

El aire que lo inundaba mientras corría, que le pegaba de frente, se le metía por todas partes, por la boca y la nariz, los oídos, los poros, por los poros se le filtraba la muerte.

Llegando a un páramo cayó derrotado, sus ojos se habían vuelto duros, escurridos, sus huesos se habían desgranado, no tenía estructura que lo sostuviera. Si con lo último de sus fuerzas hubiera podido avanzar, hubiera tenido que elegir hacerlo reptando.

No lo hizo. Esperó la muerte.

Para el pájaro que llegó a comérselo, él, que alguna vez había sido un ser, no era más que un tasajo cualquiera.

El pájaro comió de acá y de allá, picó sus ojos y su lengua, algo de sus muslos y sus pantorrillas, quizá algo de su abdomen.

No pudo terminar de comer.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Consistencia

Se volvió inconsistente, perdió solidez, se hizo penetrable, el cuerpo.

Sucedió de noche, como la mayoría de las veces cuando le ocurren las transformaciones, porque las transformaciones le ocurren, le suceden, no como parte de un proceso interno, sino acercadas desde el exterior, a veces con calma, otras con violencia. Él, el cuerpo, no decide sobre ellas. Ocurren, ocurren, ocurren, le ocurren.

Lo percibió en el momento. El primero fue como un fuego. Sintió calor, al principio era como la tibieza que traen ciertas mañanas de sol, pero pronto se intensificó. Un ser sin cuerpo, hecho de asfixia y delirio esteba frente a él, respiraba veneno, lo penetró, lo quemó, lo enloqueció, lo traspasó, con su corporeidad inexistente, tan inexistente como la suya que se dejaba penetrar, traspasar.

No fue gratuito el encuentro con El primero, a pesar de que haya entrado y salido, algo de él quedó allí, parte de su ardor sin tiempo y sin fin.

El segundo fue impetuoso y repentino, no se acercó, no se dejó ser sentido sino hasta el momento de la penetración. Era gaseoso y agrio, avinagrado, lo ocupó y se hizo grito en las heridas sin cerrar. Allí acampó.

El tercero fue nauseabundo, repulsivo y viscoso, llenó la boca y la nariz, quizá llenó también el resto del cuerpo, pero que importaba si a fuerza de violentar el gusto y el olfato, hacía que la única parte perceptible fuera la cabeza. El tercer ser, al igual que El primero, lo traspasó y también dejó sus residuos, una sensación eterna de vómito llenando la garganta.

El cuerpo recuperó su consistencia después de unas horas, pero ya no es el mismo.

Nunca lo será: fue habitado.

sábado, 6 de noviembre de 2010

La muerte del pájaro

Lo soñé hace algo más de un año, quizá fueron dos, precisar el tiempo a veces me es esquivo. Sangraba, tenía un ala rota, o quizás algo más que el ala, un corte más profundo, una especie de degüelle parcial. Permanecía inmóvil, un movimiento podría haberle provocado el desprendimiento irreversible de su cabeza. Me miraba de reojo, sin odio, sin pena, creo que contenía la respiración, quizá algún reproche, que no pudo, no supo hacer cabal.

Lo ví. Me fui sin ayudarlo.

Esta madrugada volvió a mis sueños. Estaba muerto. Otro animal, no puedo dilucidarlo, iba a comérselo.

No había sangre. Estaba limpio, el pájaro.

No había sangre, estaba muerto, el pájaro.

Me pregunto si volverá; me pregunto si importa que vuelva; me pregunto si lo hará vivo, herido u otra vez muerto; me pregunto si seré capaz de precisarle un momento en el tiempo y si me regalará, aunque sea una vez más, su mirada vacía.

lunes, 25 de octubre de 2010

Las horas que recuerdo

7:21
8:30
8:50
11:27
12:35
14:30
17:10
18:06
19:57
20:36
21:17

El día no terminó, círculos y más círculos, interminables, eternos, trazarán las agujas.

También recuerdo algunas fechas, pasadas, y muy pocas futuras.

Es hora.

viernes, 22 de octubre de 2010

Mariposas para unos cuantos estómagos

Mariposas para unos cuántos estómagos o el día que la vaca (que nunca estuvo ahí) murió de amor

Ilustración: Mumbobrain (Carmen Leander
)

jueves, 21 de octubre de 2010

Leche condensada

A veces me pregunto de qué esta hecha, cuál será su consistencia. No sé si tenga venas, pero seguro tiene sangre, aunque que quizá sea una especie de savia, viscosa, a veces dulce, otras amarga, deliciosamente amarga. Quizá no sea sangre sino leche cortada, y si se corta adentro es porque nadie sabe por donde hay que ordeñarla. Me inclino a pensar que es savia, y que con un corte, hemofílica, en riachos se escurre y poco menos que la mata. No tiene puntos y aparte, se conecta, por pasillos y pasajes, algunas calles y unas pocas avenidas anchas. La caminan sus habitantes, los que nacieron con ella y los que se subieron a su barco mientras andaba. Mi alma.



miércoles, 13 de octubre de 2010

domingo, 10 de octubre de 2010

Eleonora

Como en la Eleonora de Poe, la que le da nombre al cuento, ante la que él, Poe, se obliga, solo puedo decir, yo tampoco te traicionaré: seguiré escribiendo.

Ilustración realizada por Carmen Leander para la entrada #100 de La vaca nunca estuvo ahí

sábado, 9 de octubre de 2010

Esquina

Ahí está la esquina.

Me debato entre doblar o no doblar.

Ya caminé noventa y nueve pasos, a tan solo uno estoy de estar del otro lado.

La espalda contra la pared, aprieto los ojos, contengo la respiración, no quiero espiar.

Algunos, mensajeros quizá, me contaron que hay del otro lado, algunos que fueron y volvieron, porque están los que se quedaron. Yo, igual, no sé si creerles. Me parece cosa de Mandinga lo que dicen, y eso que Mandinga hace rato que desapareció...allá lejos después de perder ese duelo de guitarra, una noche en que las estrellas se la jugaron mano a mano contra los nubarrones. Y ahora me olvidé si es que Mandinga había ganado o perdido el duelo con la guitarra. También dicen que Mandinga está del otro lado, pero para mí todavía anda por acá.

De los que nunca volvieron sé muy poco, jirones de historias que me contaron los que se pegaron la vuelta.

Otras cosas que supe que hay del otro lado me fueron develadas ayer a través del vapor que arrojó un té de menta servido en un restaurante Mauritaní. Sé que hay un tomate seco que a veces se convierte en limón, un palo que yace en una disposición casual sobre tierra cuarteada, un pedazo de carne seca, dos desiertos, una tribu nómade y una noche larga.

Hay también un balde sin agua que le hace la segunda a un pañuelo limpio que carga con la huella de las lágrimas y los mocos escurridos de los que mañana doblarán la esquina.

Un paso, sólo un paso más.



miércoles, 6 de octubre de 2010

Repeticiones

Me veo del derecho, un espejo me repite, pero esa imagen resulta obvia. A mi lado hay un ouroboro; mientras se digiere, asimila todas las mujeres que fui.

Un poco mas lejos, pero no tanto, esta el ser que se forma a través del lenguaje. Él solo reproduce parcialidades de mi alma, las que su vocabulario le permite, las que puede traducir a través de las palabras que le fueron develadas.

Me cifro también en una cuenta simple, que alguien dejo ayer en un bar, debajo de una taza de café. Tiene algunos números tachados, otros borrosos y unos pocos permanecen legibles, son pares, un dos, un cuatro y el otro, creo que es un seis, no estoy segura.


lunes, 4 de octubre de 2010

Lado A

Volví a recomponerme, después de tanto tiempo con los órganos hacia afuera y la piel hacia adentro, después de un tiempo experimentando cada susurro mundano y cada pena colectiva en mis vísceras expuestas, todo parece haber vuelto a la normalidad.

Nuevamente, desconozco en qué momento ocurrió. El proceso... no lo sentí.

Hoy amanecí y era la serigrafía número 567/21.375 del ser humano que alguna vez habitó en bosques.

sábado, 2 de octubre de 2010

Ser

Me había dado algunas pistas, fue algo después de que abandonara el bosque, algo después de que habitara en cárceles. Quizá no fue después de eso, quizá simplemente ocurrió durante una de las metamorfosis de mi alma. Lo cierto es que me comentó, mientras tomaba un té chai -había cerrado los ojos, pero veía, pues ultimamente había comenzado a ver con los ojos cerrados-, de cómo había alcanzado a formar su ser.

No di crédito al principio, pero ahora no puedo menos que aceptarlo, él se había creado a sí mismo a través del lenguaje.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

La noche en que envejecimos

La lluvia no deja de caer. Cayó toda la noche y no se detiene (parece que nunca lo hará), dicen que es por la tormenta tropical, pero yo sé que no, yo se sé que esta lluvia tiene motivos, no escondidos, sino que más bien son evidentes.

Esta lluvia viene a madurarnos. La escucho caer desde la ventana de mi habitación, al principio en un estado de somnolencia, pero ahora despierta y sé, creo saber qué es lo que intenta.

Constante, sin detener el ritmo, moja mi cuadra, las palmeras, los autos, los containers de basura, las lagartijas, el semáforo de la esquina, su rojo, su amarillo y su verde, las veredas y las casas, las ventanas y los techos, los pasos que transitaron esta calle hoy y quizá los que lo hicieron la semana pasada, moja las veredas y los cordones (los vírgenes y los que fueron pintados de amarillo ¿o es al revés?) moja los colores, los olores y las visiones de presente y de futuro.

Moja mi cuadra y toda la manzana y la manzana de al lado y también el mar y entonces pienso que es una lluvia arrogante, venir a mojar el mar, si nació mojado, pero entonces recuerdo sus intenciones. Quiere envejecernos. Simultáneamente a todos, a todo.

Después de su laborioso quehacer nocturno, de su intervención, tengo la certeza de que todo amanecerá arrugado. Las casas, los techos, las ventanas, los semáforos, sus rojos, amarillos y verdes, los pasos, las lagartijas, el mar, los autos, los cordones y las señales de tránsito. Mi cuadra y la de al lado. Arrugado.



sábado, 25 de septiembre de 2010

Il re della dolcezza

Dolor y felicidad (un problema de enfoque)

La mente tiene una increíble capacidad de enfoque cuando se trata del dolor. Si algo duele, en el cuerpo o en el alma, la nitidez que logra la lente cociente es tal, que cualquier otra cosa que no sea dolor se presenta difusa.

Lo he visto en personas con enfermedades autoinmunes, donde el cuerpo desarrolla esa capacidad de atacarse a sí mismo, donde el dolor se hace evidente y los días en los que nada duele ni siquiera pueden ser recordados.

Lo he visto en la gente que da batalla contra sus demonios, que se ha dejado derrotar o simplemente ha plantado bandera y ahora anda a ciegas, con los ojos vendados y esa sensación de cargar un alma colonizada por parásitos y el corazón y la mente y todo... es, en definitiva, una noche negra, cerrada, sin luna que alumbre el camino ni estrellas que orienten el andar.

Creo entender esa destreza de enfoque de la mente, lo que no sé si llego a comprender es por qué no pasa lo mismo con la felicidad.

¿Es que acaso se presenta como un paisaje cotidiano, y por lo tanto se vuelve obvio y esta lente mental la pasa de largo? Si esto fuera así, y aún cuando entendiera la lógica de que la felicidad fuera percibida como una realidad cotidiana y no así el dolor (del que hay que defenderse), me pregunto si no deberíamos entrenar a la mente para hacerla consciente de los momentos felices.

¿O es que si la entrenamos para distinguir la felicidad luego el dolor se volverá más evidentemente crudo?

¿O es qué no enfocar con nitidez la felicidad es también un mecanismo de defensa?

Como de costumbre, no tengo respuestas, pero entiendo que no para todo la hay.



jueves, 29 de julio de 2010

Visitantes

Descubrí en las redes de mi atrapasueños un punto que quizo, inutilmente intentó, escapar de una de mis pesadillas, de esas que preceden a los insomnios. Se trata de un punto de choque, de coalisión.

Oh Susie Q, oh Susie Q, oh Susie Q, baby I love you, Susie Q. I like the way you walk, I like the way you talk, I like the way you walk, I like the way you talk, Susie Q.

Allí confluyen los visitantes, que generalmente no lo hacen al mismo tiempo, porque si lo hicieran, ya estaría muerta. Pero el punto de coalisión, que es como un imán, hace que algunos visitantes, no todos, choquen.

No one knows what it's like to be the bad man, to be the sad man, behind blue eyes. No one knows what it's like to be hated, to be fated, to telling only lies, but my dreams, they aren't as empty as my conscience seems to be.

Si en un punto de coalición varios visitantes chocan, el impacto puede causar daños severos e irreversibles a una persona, incluso, la muerte.

In the town where I was born, lived a man who sailed to sea, and he told us of his life, in the land of submarines. So we sailed on to the sun, till we found the sea green, and we lived beneath the waves, in our yellow submarine.

Algunos visitantes tienen poderes inflamatorios y, si bien están ubicados en el punto de coalición que está en la mente, se las ingenian para hacerse sentir en la garganta. Hay otros que se sienten en las piernas y en los huesos. Esos inmobilizan y son terribles. La gente que dice que le duele la ciática, es por ellos.

Esse samba e pra voce que me fez sorrir, que me fez chorar, que me fez sonhar, que me fez feliz, que me fez amar

Otros son como una peste, se meten en el útero, empastan los ovarios como con plasticola y tejen redes que pudren los órganos.

Get into the car, we'll be the passenger, we'll ride through the city tonight, we'll see the city's ripped backsides, we'll see the bright and hollow sky, we'll see the stars that shine so bright. Stars made for us tonight

Lamentablemente no es sólo eso lo que hacen, porque además de flagelar el cuerpo, deterioran la mente. Eyaculan desidia y fastidio y comen voluntades. Mayor investigación, sin embargo, se estima necesaria para obtener datos concluyentes sobre los efectos psicológicos y espirituales de los puntos de choque y los visitantes. Esto lo aprendí porque, como dije antes, un punto de choque cargado con varios visitantes quedó hace dos días en mi atrapasueños. Una madrugada de insomnio después pude hacer una disección que resultó en estos hallazgos fundamentales.

Si me das a elegir entre tu y mis ideas, que yo sin ellas soy un hombre perdido, si me das a elegir entre tu y la gloria pa que hable la historia de mi por los siglos, si me das a elegir entre tu y ese cielo donde libre es el vuelo para llegar a otros nidos, si me das a elegir entre tu y la pereza, con esa grandeza que lleva consigo, si me das a elegir, me quedo contigo...


lunes, 12 de julio de 2010

Hoy

Hoy me saturan nauseabundamente las descripciones, las repeticiones, el ritmo, las marchas y los pasos seguros. El futuro sabido.

Hoy solo quiero escuchar un grito que lo rompa todo. Que rompa el día y la noche, que rompa la calma, que rompa los colores, especialmente los pasteles, que fracture la debilidad, pero también la fuerza; que detenga la lluvia. Que quiebre la posibildad de lo que puedo llegar a ser si no me autointervengo.

Hoy necesito una revolución

Hoy necesito caos y contradicción.

Hoy quiero un prisma que descomponga lo que siento, un pañuelo que contenga lo que escribo y unos zapatos que caminen mis pensamientos. También necesito, un casette y una birome, porque un cassette que no venga acompañado de una birome para rebobinarlo manualmente...

(No todo tiene que cerrar ¿verdad?)

Leone

viernes, 9 de julio de 2010

Frustración

Hace rato que ando jugando a las escondidas con la realidad, pero siempre me encuentra.

domingo, 27 de junio de 2010

Obstrucción

Tres veces sentí necesidad de estornudar. No pude. Los estornudos se me acumulan, como actos fallidos, en la nariz y en la garganta. Se rehusan a otorgarme la placentera sensación del desahogo. Atorados, hacen que respire con dificultad. Que casi no pueda hablar.

Ahora tengo ganas de llorar, pero los ojos también parecen estar obstruidos.

¿Será que implotaré en un grito?


*Mi horoscopo dice que la razón es un eclipse que está en mi signo, pero yo la verdad que no sé si esa sea la causa.

lunes, 17 de mayo de 2010

Vacante

Busco una epifanía que me revele dónde están los seres que hasta hace unas horas me habitaban y anoche me abandonaron.

Fue raro, pero sentí el momento en el que dejaban mi cuerpo. No voy a describir las sensaciones. Reservo eso para las nostalgias del futuro.

Me debato, de recibir la epifanía, ¿saldré a buscarlos? -mis mochilas no pesan, nunca las cargo demasiado, por lo que podría salir casi de inmediato- ¿O será que en lugar de eso deba encontrar seres nuevos que me pueblen?

El cuerpo, mientras tanto, está vacante.

martes, 27 de abril de 2010

4:30 AM

Entre las cosas que me han comenzado a suceder, ahora que vivo del reverso (órganos hacia afuera, piel hacia adentro) hay una que particularmente me llama la atención, no porque implique un gran cambio, todo lo contrario, se trata de una mínima, aunque caprichosa, modificación de los hábitos: he dejado de desvelarme a las 3:30 AM. Quisiera decir que fue a causa de alguna alteración biológica que mi despertar de madrugada se retrasara una hora; aún no puedo afirmarlo.

Sí, he descubierto que despertarse a las 4:30 AM conlleva ventajas que no tiene hacerlo una hora antes: los sueños, soñados justo antes del despertar, contienen información reveladora; estos sueños son recordados.

Hoy sé que en el lugar geográfico donde se cierra el círculo solar solo hay un limón seco, no un árbol como muchos creían.

Son 5:13 AM, espero poder dormirme otra vez. No espero, en esta ocasión, un sueño develador.

domingo, 25 de abril de 2010

Vacío

Fórmulas posibles a las que intento llegar un domingo a la noche, una noche cualquiera, sin atmósfera especial ni clima perfecto; ecuaciones irreconciliables de un día iconoclasta, sin perfume, sin música, sin romanticismo, sin excesos, ni dibujos, tan vacío el domingo que hasta la prosa se desnuda para dejar ver que sus huesos no son otra cosa que una ecuación imperfecta, un axioma de color gris, o varios:

Persona x = Universo x
Historia = persona x.n.universo
Vacío de hoy = persona x.n.universo+ persona y.n.universo

martes, 6 de abril de 2010

La cárcel de los otros
















La vi el viernes en el Central Park. Supe, de inmediato, que ella también habitaba en cárceles

lunes, 5 de abril de 2010

Inconciente

Aún no tengo memorias de la transformación (órganos hacia afuera y piel -que también es un órgano, para no faltar a la verdad- hacia adentro), pero me he dado cuenta -de a poco me voy dando cuenta de mis nuevas realidades- que mi inconciente quedó al descubierto.

El aire le pega y le molesta.

Y yo, por primera vez, lo veo, lo veo porque mis ojos giran trescientos sesenta grados, una nueva habilidad que adquirieron, se ve que con la transformación.

Visible entonces, estoy en condiciones de decir que mi inconciente está formado por mapas de mi vida pasada, incluso de aquella que casi no recuerdo haber vivido. También hay símbolos complejos -Quizá entre sus códigos encuentre las memorias de la transformación-.

Aunque de qué me sirve -pienso- seguir hurgando memorias, si cargo una angustia inmensa que me pega y me fastidia tanto como el viento este que sopla molesta a mi inconciente -justo ahora se le ocurre soplar, ahora que mis órganos están al descubierto y ni hay piel que los proteja-.

La angustia que cargo, decía, creo entender -porque las certezas se han evaporado, si es que alguna vez estuvieron solidificadas-, está relacionada con las múltiples cárceles en las que he vivido ¿de un tiempo a esta parte?

Me enloquece la idea de pensar que no conozco otra cosa que cárceles.

lunes, 29 de marzo de 2010

Reversible

Por alguna extraña razón, no sé si hayan sido los efectos de la cárcel, de alguna gripe estacional que aún no fue clasificada por la ciencia, ni decretada pandemia, mi cuerpo se ha convertido en reversible.

Mis órganos quedaron afuera, mi piel adentro.

Aún no tengo memorias de cómo pasó. Llegarán, siempre llegan, lamentablemente no lo hacen a tiempo, por eso terminan distorcionándose, pero llegan, al final llegan; entonces, recién entonces, contaré el proceso de transformación, mientras tanto solo puedo transmitir el ahora.

Organos afuera, piel adentro. Descripción de está realidad que excluye, por propia voluntad, todo sentimiento.

¿Llegarán? Probablemente, junto con las memorias.

jueves, 11 de marzo de 2010

Cárcel

He vagado sin norte, que supongo que es lo mismo que decir que he vagado sin brújula. Febrero se fue seco y estéril. Sin fecundar, el semen nunca regó sus campos.

La ausencia la debo a la cárcel en la que me encuentro. No logro darme cuenta en que momento, luego de abandonar el bosque, caí en esta jaula.

Buscaba otros bosques, es cierto, pero encontré esta prisión. Ayer fui conciente de mi cautiverio. Mi cuerpo dio la señal. Mis órganos comenzaron a llorar pútrida miel, savia añeja.

Este es mi primer reporte conciente desde este lugar, mientras, busco comprender su geografía para encontrar una salida.

martes, 19 de enero de 2010

Respiración

El tiempo no pasa y a mí que me cuesta tanto respirar.

Anatomía 1. Desfragmentación del ser con preservación cerebral

El domingo me dejó el cuerpo roto, pero el cerebro intacto.

Hago el recuento de los vestigios de mi que, fragmentados, mi alma acarreó a través de los días.

¿Los fragmentos? Sí, son muchos, pero no tantos como los pecados de los jueves por la madrugada.

Estimo, concluyo: soy decenas, quizá no más de dos, desparramadas entre las sábanas.

Suspiro -con envidiable dicción-: ¡heme aquí!

Pienso: las horas se consumen, el dolor de mis partes es el testigo y mi cerebro su mecanógrafo.

martes, 12 de enero de 2010

La primer muerte de 2010

No sé en que momento, luego de dejar el bosque, levanté vuelo.

Sé que vi colores, muchos, comenzaron a girar, luego formaron una estrella, ¿o era un mandala?

La estrella era hermosa, tanto, que pensé en escribirle un haiku, pero enseguida caí, no parada, como los gatos, no al camino, desde donde supuestamente había levantado vuelo, caí al vacío sin nombre, tenaz y agitador donde una nada con doscientos rostros destrozó mi alma. Me rompí como el vidrio. Lastimada me desangré entre las sábanas.

Un recuerdo de ese día me llega mientras escribo esto y, seguramente, como todo recuerdo, ya no es esa fiel copia carbónica de la realidad. El recuerdo dice que lloré. El recuerdo dice que me desgarré y me sentí morir. Morí.

Así pasó la primera de mis muertes en 2010.

Al otro día amanecí en un bosque, uno nuevo. Ahora estoy allí, oliendo el suelo mojado, cubriéndome con su barro, disfrutando el sabor de sus piedras.