sábado, 25 de septiembre de 2010

Dolor y felicidad (un problema de enfoque)

La mente tiene una increíble capacidad de enfoque cuando se trata del dolor. Si algo duele, en el cuerpo o en el alma, la nitidez que logra la lente cociente es tal, que cualquier otra cosa que no sea dolor se presenta difusa.

Lo he visto en personas con enfermedades autoinmunes, donde el cuerpo desarrolla esa capacidad de atacarse a sí mismo, donde el dolor se hace evidente y los días en los que nada duele ni siquiera pueden ser recordados.

Lo he visto en la gente que da batalla contra sus demonios, que se ha dejado derrotar o simplemente ha plantado bandera y ahora anda a ciegas, con los ojos vendados y esa sensación de cargar un alma colonizada por parásitos y el corazón y la mente y todo... es, en definitiva, una noche negra, cerrada, sin luna que alumbre el camino ni estrellas que orienten el andar.

Creo entender esa destreza de enfoque de la mente, lo que no sé si llego a comprender es por qué no pasa lo mismo con la felicidad.

¿Es que acaso se presenta como un paisaje cotidiano, y por lo tanto se vuelve obvio y esta lente mental la pasa de largo? Si esto fuera así, y aún cuando entendiera la lógica de que la felicidad fuera percibida como una realidad cotidiana y no así el dolor (del que hay que defenderse), me pregunto si no deberíamos entrenar a la mente para hacerla consciente de los momentos felices.

¿O es que si la entrenamos para distinguir la felicidad luego el dolor se volverá más evidentemente crudo?

¿O es qué no enfocar con nitidez la felicidad es también un mecanismo de defensa?

Como de costumbre, no tengo respuestas, pero entiendo que no para todo la hay.



1 comentario:

mota dijo...

hermoso escrito!!! me quedé pensando que la mente presenta este modo de enfoque, que no es ni progresivo, ni al servo, ni con nueve puntos en cruz... muchas veces no es quien enfoca... la mente a veces es objeto del enfoque de las cosas, son las cosas las que a veces miran y enfocan y esa mente consciente se deja por esas cosas y por ese inconsciente que piensa enfocando distinto.
Olaffson