martes, 19 de enero de 2010

Respiración

El tiempo no pasa y a mí que me cuesta tanto respirar.

Anatomía 1. Desfragmentación del ser con preservación cerebral

El domingo me dejó el cuerpo roto, pero el cerebro intacto.

Hago el recuento de los vestigios de mi que, fragmentados, mi alma acarreó a través de los días.

¿Los fragmentos? Sí, son muchos, pero no tantos como los pecados de los jueves por la madrugada.

Estimo, concluyo: soy decenas, quizá no más de dos, desparramadas entre las sábanas.

Suspiro -con envidiable dicción-: ¡heme aquí!

Pienso: las horas se consumen, el dolor de mis partes es el testigo y mi cerebro su mecanógrafo.

martes, 12 de enero de 2010

La primer muerte de 2010

No sé en que momento, luego de dejar el bosque, levanté vuelo.

Sé que vi colores, muchos, comenzaron a girar, luego formaron una estrella, ¿o era un mandala?

La estrella era hermosa, tanto, que pensé en escribirle un haiku, pero enseguida caí, no parada, como los gatos, no al camino, desde donde supuestamente había levantado vuelo, caí al vacío sin nombre, tenaz y agitador donde una nada con doscientos rostros destrozó mi alma. Me rompí como el vidrio. Lastimada me desangré entre las sábanas.

Un recuerdo de ese día me llega mientras escribo esto y, seguramente, como todo recuerdo, ya no es esa fiel copia carbónica de la realidad. El recuerdo dice que lloré. El recuerdo dice que me desgarré y me sentí morir. Morí.

Así pasó la primera de mis muertes en 2010.

Al otro día amanecí en un bosque, uno nuevo. Ahora estoy allí, oliendo el suelo mojado, cubriéndome con su barro, disfrutando el sabor de sus piedras.