sábado, 2 de mayo de 2009

Ayer II

Ayer bajé al infierno nuevamente. Ayer pude ver a la bestia. Ella me conmovió. Era hermosa, estaba despeinada, algo sucia, se ve que había estado jugando en el patio de su caverna, hasta seguro se habría caído, porque tenía las rodillas manchadas y raspadas.

Tenía ojos grandes, verdes, grises, azules ¿quién sabe? Los que la vieron antes que yo tampoco se ponen de acuerdo en el color. Sean del color que fueran, sus ojos eran tristes.

No había odio en ella, solo un miedo intenso. Ella estaba hecha de miedo. Sus huesos eran miedo, miedo era su sonrisa, miedo era su piel, miedo era esa mirada presente, pero siempre perdida, que en un punto me hizo acordar tanto a la mía.

Me senté frente a ella, quise tocarla, pero no se dejó. Y yo, por dentro, si ella hubiera sabido, que me moría de ganas de abrazarla.

La bestia era igual a mí cuando yo tenía nueve años.

Hoy sigo acá. Estamos sentadas frente a frente. Creo que entendió que no me voy a ir hasta que me deje acariciarla.

2 comentarios:

Mercedes dijo...

Una de las cosas que primero haré si me va bien es irte a visitar. Te quiero!

Mr. Charlie Bucket dijo...

Creo que hoy, entiendo este texto. Ayer en la noche vi una bestia similar y no pude dormir de miedo. Temo acariciarla.