martes, 18 de octubre de 2011

Goteras

Su vida se escurrió por un sinnumero de goteras. Desde su boca, en hilos de baba tímida, cayó primero su futuro, sí, mucho antes que su presente, incluso anticipando la caída de todos sus momentos pretéritos -que nunca lo conformaron, la prueba estaba en lo inconsistente de su historia que se evaporaba con la velocidad que lo hacen las gotas-; también chorrearon su piel de gallina y sus latidos, sus sienes convulsionadas, la acidez y los nervios acumulados en el estómago, lo hicieron caudalosamente desde el sexo perpendicular de sus amantes, calas tendidas sobre sábanas arrugadas, porque a eso se asemejaban sus vaginas; luego cayó su risa, más tarde lo hizo la presión en el pecho y la sequedad de la boca, las lágrimas y la angustia, que lo abandonaron en forma de llovizna, importunando las arenas de una playa fría de Escocia. Se diluyó su carne, pero no su mente. Se diluyeron sus sentidos, pero no su mente, su mente, enteléquica, se mantuvo a salvo, resguardando al pensamiento, pensaba, mas no sentía. Esterilizado, pasteurizado, si morir tuviera sentido, pero ya nada lo tenía.

martes, 27 de septiembre de 2011

Pero no

Soy un implante en el presente y en este desierto sin soles, sin muertes, sin mi. Busco entre las hojas de un libro una puerta, revuelvo en un cajón lleno de medias con la esperanza, apagada ya en el pecho, pero viva en el reflejo de un charco de agua que se formó entre los adoquines partidos de la esquina, de encontrar mi redención o por lo menos una balsa que navegue los miles de bosques que habité (y odié) y en los que hoy me gustaría pasar la noche. Busco las vías de un tren, el diagrama de unas calles conocidas, una pared que le sirva de almohada a mis parásitos y a la que pueda vomitarle mil y un graffitis sin Sherezade. Busco el hilo de Ariadna, para bajar a la cueva y encontrar a la bestia y no escapar nunca de sus brazos ni de su voz dulce y venenosa y pedirle en un susurro que ya no me viva, que solo me muera, que me desenquiste de este presente sin mi, de este desierto que me seca la sangre, pero no..., pero no..., pero no la vida.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Electrocutada e inapetecible

(Y ahora tengo la mente en blanco, pero mientras dormía las vi,  estábamos ellas y yo a punto de caminar por los campos sembrados de tomacorrientes)

No nos molestó meter los pies en los enchufes, no nos importó electrocutarnos, que el pelo se nos chamuscara y se nos chamuscarnan de igual manera los genitales y nuestro sexo, que la tierra vomitara rayos, asemejándose al cielo cuando despide el agua putrefacta contaminada por las almas miserables de los que se exraviaron jugando con la sangre y  revolviendo las vísceras de otros.

No nos molestó meter los pies en los enchufes, no nos importó electrocutarnos, que nuestras lágrimas y fluídos provocaran un cortocircuito, que se asaran nuestros riñones y que la carne tierna de nuestras nalgas y nuestros senos se tensara, nerviosa y se volviera inapetecible.

(Y ahora tengo la mente en blanco, pero mientras dormía las vi, estábamos ellas y yo, violacias de sufrimiento y blancas de muerte, tendidas en la tierra mojada por nuestros jugos recién exprimidos, pero seca de lamentos de los que nunca nos rieron)

La bestia, que me sigue de cerca aunque yo no la perciba, bajó la cabeza y se sonrió. De su mente ya estaban despegando los cuervos, un par de aguiluchos y unos gorriones empiojados. En vuelo prolijo y austero descendieron sobre mi, prendieron mi piel asada en sus garras y me llevaron a sus brazos sometiendo las fronteras (los pájaros pueden hacerlo, los humanos no).

(Y ahora tengo la mente en blanco)

lunes, 19 de septiembre de 2011

El parto (Serigrafía malograda 9/9)

Se preguntó a sí misma si había habido alguna vez un tiempo en el que las cosas resultaran sencillas. 

Esa mañana había asociado la intensidad de sus orgasmos a los desprendimientos de retina, disloque de hombros, displacia mamaria y ovarios poliquísticos que le marchaban por la vida con la frecuencia espeluznante que expresan los números periódicos después de las comas.

Pensó que si sumaba afecciones a sus aficiones, quizá podría conseguir orgasmos móviles, no solamente los resultantes de la fricción de sus zonas más erógenas. Quizá sus poros pudieran parir placeres. Quizá el apoyarse contra una pared y frotarse contra ella pudiera ocasionarle aquel gran orgasmo. Un último gran orgasmo, multiplicador, mutilador y aniquilador. Se prendería fuego, ardería como fósforo recién raspado.

Repasó: sus poros parirían orgasmos con la frecuencia espeluznante que expresan los números periódicos después de las comas, serían multiplicadores, mutiladores y aniquiladores, se prendería fuego, ella, aredería como arden los fósforos recién raspados, ella.

Respiró. Tenía la boca seca. La bestia la miraba sentada en la cómoda, una sonrisa se le dibujaba en la cara.

Ambas estaban de regreso.

jueves, 15 de septiembre de 2011

El parto (Serigrafía malograda 8/9)

Parió miserias, las parió en chorrera, en serie, un fordismo consumado y perfecto de miserias. Le salían como gusanos en fila, como larvas arrastrándose por una hoja de parra fermentada por el calor del verano que no se apaga y no amaina por mas que le llueva un febrero entero. Así, así se desprendían de su canal las miserias. Pero ella, como una perra de caderas anchas que se deshace en la pujada de su noveno vástago y delirante y enferma y envenada le clava los dientes y se lo come -hiena- así se masticó ella sus miserias recién paridas...Mal paridas todas ellas.