Ella esperaba el colectivo, cada mañana a las siete y media. Tenía dieciséis años. Era una mezcla, algo dañina, de sabelotodo con chica ingenua.
Él aparecía a esa hora, pasaba caminando para ir a trabajar y se detenía frente a ella.
Él tendría cuarenta y tantos, quizá cincuenta. Sabía que la vería, así como ella sabía que el tipo vendría y entonces otra vez la misma historia, él le repetiría, hasta que llegara el colectivo, todo lo que haría con ella si le diera la oportunidad. Ella, solo perdía la vista en la calle, sin nunca mirarlo, sin jamás dirigirle la palabra. Tenía la caprichosa e inocente certeza de que él nunca se atrevería a más, pensaba que como mucho luego se masturbaría pensando en ella en el baño de la fábrica, si es que en realidad trabajaba en una.
Nunca pasó de allí. El tipo podría haberla violado. Le hubiera resultado simple. Sobre todo en esas mañanas oscuras de invierno donde ni los perros aúllan y a las esquinas de barrio unos pocos se les atreven: una chica que va al colegio, un tipo que va a trabajar...
Hoy recordó al tipo y su incansable detenerse en ella. Sus ojos encendidos, su susurro angustiante. Hoy recordó la piel suave de la chica de dieciséis, peligrosamente terca e ingenua.
Hoy desnuda un texto en tercera persona, porque no se atreve a desnudar un miedo en primera. No esta noche, aún cuando no haya esquina ni barrio ni jaurías ausentes.
Hoy, cuando lo único que quedan son las vacas.
viernes, 14 de enero de 2011
viernes, 7 de enero de 2011
Próximo
Ya son las cuatro y veinte y ni noticias de Morfeo.
El Minotauro pasa la lengua por mi cuerpo. Es suave y caliente. No habla, pero sé que me dice que Teseo nunca lo ha matado, solo lo apuñala de vez en cuando, sellan alianzas. Tienen ese trato.
Yo no quiero pactos. Quiero mis muertes, por tercera vez en esta noche.
Tres coma treinta y tres periódico.
El Minotauro pasa la lengua por mi cuerpo. Es suave y caliente. No habla, pero sé que me dice que Teseo nunca lo ha matado, solo lo apuñala de vez en cuando, sellan alianzas. Tienen ese trato.
Yo no quiero pactos. Quiero mis muertes, por tercera vez en esta noche.
Tres coma treinta y tres periódico.
Minotauro
Hecha un ovillo intento dormir (segundo intento esta noche) sobre el pecho del Minotauro.
Lo odio. Su sangre caliente baña mi rostro y cubre mi cuerpo como una frazada. Aún siento su aliento, otra cobija.
Maldito Teseo que ha hundido el hierro en él y se ha olvidado de mi. Le ha dado tranquilidad, la bendición del sueño, el sueño.
Mi cuerpo se tensa. No es otra cosa que una res nerviosa en el matadero, solo que esa muerte se me niega. Esquiva me revienta, pero me deja viva. Insulta, ofende, me agrede y ni las lágrimas me rescatan. Es superior en número y en fuerza. Es bastión y esta noche no estoy posibilitada para hacerle frente.
Perseguría a Teseo por este laberinto. Laberinto, entiendo de repente que una nueva cárcel me alberga.
No estoy sola. El Minotauro sangrante me acompaña. Me pregunto si la bestia andará cerca o nos visitará algún día.
Si por lo menos los pájaros llegaran. Si ellos comieran mi estómago y los intestinos, si por lo menos se sirvieran de mis cuerdas vocales como cables de luz. Si por lo menos..., pero no, ni eso los ingratos. Ni las lágrimas me socorren.
Lo odio. Su sangre caliente baña mi rostro y cubre mi cuerpo como una frazada. Aún siento su aliento, otra cobija.
Maldito Teseo que ha hundido el hierro en él y se ha olvidado de mi. Le ha dado tranquilidad, la bendición del sueño, el sueño.
Mi cuerpo se tensa. No es otra cosa que una res nerviosa en el matadero, solo que esa muerte se me niega. Esquiva me revienta, pero me deja viva. Insulta, ofende, me agrede y ni las lágrimas me rescatan. Es superior en número y en fuerza. Es bastión y esta noche no estoy posibilitada para hacerle frente.
Perseguría a Teseo por este laberinto. Laberinto, entiendo de repente que una nueva cárcel me alberga.
No estoy sola. El Minotauro sangrante me acompaña. Me pregunto si la bestia andará cerca o nos visitará algún día.
Si por lo menos los pájaros llegaran. Si ellos comieran mi estómago y los intestinos, si por lo menos se sirvieran de mis cuerdas vocales como cables de luz. Si por lo menos..., pero no, ni eso los ingratos. Ni las lágrimas me socorren.
Las tres
Son las tres de la mañana. No hay poesía en el insomnio, ni luz en el insomne, solo oscuridad y un estómago que cae al vacío y mientras lo hace se incendia.
En el resto del cuerpo, solo la vacuidad.
No sé qué produce estas lágrimas que no salen, que se secan en las cuencas. Nonatas. Abortadas.
Aridez adentro. Solo (hay, tengo) un estómago putrefacto, casi inservible, como ese trozo de carne seca que está tirado en la mitad del desierto del otro lado de la esquina.
Siento el viento resoplar con fuerza dentro mío, se levanta el polvo, resuena el sonido violento en mi. Me desarmo. Grito. Pido ayuda. Sólo el eco responde, me trae mi voz, viciada, que me transita libremente y me deja sentir que no hay escapatoria, ni sueño tranquilo esta noche. No habrá vacas (una obviedad tácita) ni tampoco el consuelo de las lágrimas, sólo una muerte programada. La primera de mis muertes finalmente acontece en enero, a las tres de la mañana. La primera de mis muertes, se cifra, sin metáfora, en otro tres coma treinta y tres periódico.
Ahora, cuando la madrugada avanza, lenta y desangrante hago otro pedido, quiero a Teseo y su cuchillo afilado, quiero su redención.
Lloro. Mentira, no puedo. Quiero. Muero. Mentira. Teseo no ha llegado.
En el resto del cuerpo, solo la vacuidad.
No sé qué produce estas lágrimas que no salen, que se secan en las cuencas. Nonatas. Abortadas.
Aridez adentro. Solo (hay, tengo) un estómago putrefacto, casi inservible, como ese trozo de carne seca que está tirado en la mitad del desierto del otro lado de la esquina.
Siento el viento resoplar con fuerza dentro mío, se levanta el polvo, resuena el sonido violento en mi. Me desarmo. Grito. Pido ayuda. Sólo el eco responde, me trae mi voz, viciada, que me transita libremente y me deja sentir que no hay escapatoria, ni sueño tranquilo esta noche. No habrá vacas (una obviedad tácita) ni tampoco el consuelo de las lágrimas, sólo una muerte programada. La primera de mis muertes finalmente acontece en enero, a las tres de la mañana. La primera de mis muertes, se cifra, sin metáfora, en otro tres coma treinta y tres periódico.
Ahora, cuando la madrugada avanza, lenta y desangrante hago otro pedido, quiero a Teseo y su cuchillo afilado, quiero su redención.
Lloro. Mentira, no puedo. Quiero. Muero. Mentira. Teseo no ha llegado.
miércoles, 5 de enero de 2011
Ocurre
Ocurre que 2011 ha comenzado y la primera de mis muertes aún no acontece. La espero sentada en la oscuridad. Mis ojos la buscan secretamente, se pierden en los confines tratando de verla. Fracasan.
¿Será que podré olerla? Alguien me dijo que sí. Miente.
El día y la noche se suceden, me iluminan la cara, pero ella no llega y mi aliento se humedece con la nostalgia de su sabor.
Estamos en enero.
CRXJ8RSJV2S8
viernes, 31 de diciembre de 2010
Sombras
El televisor proyecta luz contra mi pierna, que forma sombras chinescas en la pared.
No son palomas ni conejos, esas formas.
Son un revólver, un gatillo, el triángulo de las Bermudas con algunos portaviones hundidos en una época que escapa a los recuerdos propios y ajenos, el ladrido de un perro, un órgano que suena en el fondo del mar, una mujer que pereció hace algunos siglos, pero que aún no se descompone (canonizada sería si la encontrara el cura de la única parroquia que se sostiene sobre pilotes en el riachuelo), un gasoducto que cruza el desierto y varias fronteras. Tres guerras, algunas epidemias y solo un tiempo de paz.
Sombras chinescas. Pared. Mi pierna. La luz proyectada y la vaca, que nunca estuvo ahí.
No son palomas ni conejos, esas formas.
Son un revólver, un gatillo, el triángulo de las Bermudas con algunos portaviones hundidos en una época que escapa a los recuerdos propios y ajenos, el ladrido de un perro, un órgano que suena en el fondo del mar, una mujer que pereció hace algunos siglos, pero que aún no se descompone (canonizada sería si la encontrara el cura de la única parroquia que se sostiene sobre pilotes en el riachuelo), un gasoducto que cruza el desierto y varias fronteras. Tres guerras, algunas epidemias y solo un tiempo de paz.
Sombras chinescas. Pared. Mi pierna. La luz proyectada y la vaca, que nunca estuvo ahí.
Aún aquí
No sé que me hizo pensar que Diciembre se había ido.
Un piano suena, una radio me lo acerca. Algunas voces lejanas llegan desde las mesas del bar y se confunden las lenguas de esos individuos en mi. Quiero su silencio, porque no me interesan sus historias que contaminan mi bosque, mis cárceles, el camino no andado y a la bestia.
Las fosas nasales se abren (las mías) como si fueran las branquias de un pez, tienen náuseas, quieren vomitar el aire infectado con olor a desodorante que se desprende de las axilas de un fulano que viene bajando la escalera. Hedor a periferia.
Diciembre resiste y resisten con él los cánceres que había jurado estaban secos.
Diciembre sigue aquí. Diciembre aún eyacula.
Un piano suena, una radio me lo acerca. Algunas voces lejanas llegan desde las mesas del bar y se confunden las lenguas de esos individuos en mi. Quiero su silencio, porque no me interesan sus historias que contaminan mi bosque, mis cárceles, el camino no andado y a la bestia.
Las fosas nasales se abren (las mías) como si fueran las branquias de un pez, tienen náuseas, quieren vomitar el aire infectado con olor a desodorante que se desprende de las axilas de un fulano que viene bajando la escalera. Hedor a periferia.
Diciembre resiste y resisten con él los cánceres que había jurado estaban secos.
Diciembre sigue aquí. Diciembre aún eyacula.
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