Esta noche, sin embargo, se desvistió en mi mente, fue prepotente y crudo; me susurró que en él se cifran los ciclos.
Me ahogo. Por tercera vez el número me hostiga. Marca, demarca, me marca.
Esta noche, sin embargo, se desvistió en mi mente, fue prepotente y crudo; me susurró que en él se cifran los ciclos.
Me ahogo. Por tercera vez el número me hostiga. Marca, demarca, me marca.
Lo ví. Me fui sin ayudarlo.
Esta madrugada volvió a mis sueños. Estaba muerto. Otro animal, no puedo dilucidarlo, iba a comérselo.
No había sangre. Estaba limpio, el pájaro.
No había sangre, estaba muerto, el pájaro.
Me pregunto si volverá; me pregunto si importa que vuelva; me pregunto si lo hará vivo, herido u otra vez muerto; me pregunto si seré capaz de precisarle un momento en el tiempo y si me regalará, aunque sea una vez más, su mirada vacía.
El día no terminó, círculos y más círculos, interminables, eternos, trazarán las agujas.
También recuerdo algunas fechas, pasadas, y muy pocas futuras.
Es hora.