lunes, 5 de abril de 2010

Inconciente

Aún no tengo memorias de la transformación (órganos hacia afuera y piel -que también es un órgano, para no faltar a la verdad- hacia adentro), pero me he dado cuenta -de a poco me voy dando cuenta de mis nuevas realidades- que mi inconciente quedó al descubierto.

El aire le pega y le molesta.

Y yo, por primera vez, lo veo, lo veo porque mis ojos giran trescientos sesenta grados, una nueva habilidad que adquirieron, se ve que con la transformación.

Visible entonces, estoy en condiciones de decir que mi inconciente está formado por mapas de mi vida pasada, incluso de aquella que casi no recuerdo haber vivido. También hay símbolos complejos -Quizá entre sus códigos encuentre las memorias de la transformación-.

Aunque de qué me sirve -pienso- seguir hurgando memorias, si cargo una angustia inmensa que me pega y me fastidia tanto como el viento este que sopla molesta a mi inconciente -justo ahora se le ocurre soplar, ahora que mis órganos están al descubierto y ni hay piel que los proteja-.

La angustia que cargo, decía, creo entender -porque las certezas se han evaporado, si es que alguna vez estuvieron solidificadas-, está relacionada con las múltiples cárceles en las que he vivido ¿de un tiempo a esta parte?

Me enloquece la idea de pensar que no conozco otra cosa que cárceles.

lunes, 29 de marzo de 2010

Reversible

Por alguna extraña razón, no sé si hayan sido los efectos de la cárcel, de alguna gripe estacional que aún no fue clasificada por la ciencia, ni decretada pandemia, mi cuerpo se ha convertido en reversible.

Mis órganos quedaron afuera, mi piel adentro.

Aún no tengo memorias de cómo pasó. Llegarán, siempre llegan, lamentablemente no lo hacen a tiempo, por eso terminan distorcionándose, pero llegan, al final llegan; entonces, recién entonces, contaré el proceso de transformación, mientras tanto solo puedo transmitir el ahora.

Organos afuera, piel adentro. Descripción de está realidad que excluye, por propia voluntad, todo sentimiento.

¿Llegarán? Probablemente, junto con las memorias.

jueves, 11 de marzo de 2010

Cárcel

He vagado sin norte, que supongo que es lo mismo que decir que he vagado sin brújula. Febrero se fue seco y estéril. Sin fecundar, el semen nunca regó sus campos.

La ausencia la debo a la cárcel en la que me encuentro. No logro darme cuenta en que momento, luego de abandonar el bosque, caí en esta jaula.

Buscaba otros bosques, es cierto, pero encontré esta prisión. Ayer fui conciente de mi cautiverio. Mi cuerpo dio la señal. Mis órganos comenzaron a llorar pútrida miel, savia añeja.

Este es mi primer reporte conciente desde este lugar, mientras, busco comprender su geografía para encontrar una salida.

martes, 19 de enero de 2010

Respiración

El tiempo no pasa y a mí que me cuesta tanto respirar.

Anatomía 1. Desfragmentación del ser con preservación cerebral

El domingo me dejó el cuerpo roto, pero el cerebro intacto.

Hago el recuento de los vestigios de mi que, fragmentados, mi alma acarreó a través de los días.

¿Los fragmentos? Sí, son muchos, pero no tantos como los pecados de los jueves por la madrugada.

Estimo, concluyo: soy decenas, quizá no más de dos, desparramadas entre las sábanas.

Suspiro -con envidiable dicción-: ¡heme aquí!

Pienso: las horas se consumen, el dolor de mis partes es el testigo y mi cerebro su mecanógrafo.

viernes, 15 de enero de 2010

martes, 12 de enero de 2010

La primer muerte de 2010

No sé en que momento, luego de dejar el bosque, levanté vuelo.

Sé que vi colores, muchos, comenzaron a girar, luego formaron una estrella, ¿o era un mandala?

La estrella era hermosa, tanto, que pensé en escribirle un haiku, pero enseguida caí, no parada, como los gatos, no al camino, desde donde supuestamente había levantado vuelo, caí al vacío sin nombre, tenaz y agitador donde una nada con doscientos rostros destrozó mi alma. Me rompí como el vidrio. Lastimada me desangré entre las sábanas.

Un recuerdo de ese día me llega mientras escribo esto y, seguramente, como todo recuerdo, ya no es esa fiel copia carbónica de la realidad. El recuerdo dice que lloré. El recuerdo dice que me desgarré y me sentí morir. Morí.

Así pasó la primera de mis muertes en 2010.

Al otro día amanecí en un bosque, uno nuevo. Ahora estoy allí, oliendo el suelo mojado, cubriéndome con su barro, disfrutando el sabor de sus piedras.