lunes, 29 de marzo de 2010

Reversible

Por alguna extraña razón, no sé si hayan sido los efectos de la cárcel, de alguna gripe estacional que aún no fue clasificada por la ciencia, ni decretada pandemia, mi cuerpo se ha convertido en reversible.

Mis órganos quedaron afuera, mi piel adentro.

Aún no tengo memorias de cómo pasó. Llegarán, siempre llegan, lamentablemente no lo hacen a tiempo, por eso terminan distorcionándose, pero llegan, al final llegan; entonces, recién entonces, contaré el proceso de transformación, mientras tanto solo puedo transmitir el ahora.

Organos afuera, piel adentro. Descripción de está realidad que excluye, por propia voluntad, todo sentimiento.

¿Llegarán? Probablemente, junto con las memorias.

jueves, 11 de marzo de 2010

Cárcel

He vagado sin norte, que supongo que es lo mismo que decir que he vagado sin brújula. Febrero se fue seco y estéril. Sin fecundar, el semen nunca regó sus campos.

La ausencia la debo a la cárcel en la que me encuentro. No logro darme cuenta en que momento, luego de abandonar el bosque, caí en esta jaula.

Buscaba otros bosques, es cierto, pero encontré esta prisión. Ayer fui conciente de mi cautiverio. Mi cuerpo dio la señal. Mis órganos comenzaron a llorar pútrida miel, savia añeja.

Este es mi primer reporte conciente desde este lugar, mientras, busco comprender su geografía para encontrar una salida.

martes, 19 de enero de 2010

Respiración

El tiempo no pasa y a mí que me cuesta tanto respirar.

Anatomía 1. Desfragmentación del ser con preservación cerebral

El domingo me dejó el cuerpo roto, pero el cerebro intacto.

Hago el recuento de los vestigios de mi que, fragmentados, mi alma acarreó a través de los días.

¿Los fragmentos? Sí, son muchos, pero no tantos como los pecados de los jueves por la madrugada.

Estimo, concluyo: soy decenas, quizá no más de dos, desparramadas entre las sábanas.

Suspiro -con envidiable dicción-: ¡heme aquí!

Pienso: las horas se consumen, el dolor de mis partes es el testigo y mi cerebro su mecanógrafo.

viernes, 15 de enero de 2010

martes, 12 de enero de 2010

La primer muerte de 2010

No sé en que momento, luego de dejar el bosque, levanté vuelo.

Sé que vi colores, muchos, comenzaron a girar, luego formaron una estrella, ¿o era un mandala?

La estrella era hermosa, tanto, que pensé en escribirle un haiku, pero enseguida caí, no parada, como los gatos, no al camino, desde donde supuestamente había levantado vuelo, caí al vacío sin nombre, tenaz y agitador donde una nada con doscientos rostros destrozó mi alma. Me rompí como el vidrio. Lastimada me desangré entre las sábanas.

Un recuerdo de ese día me llega mientras escribo esto y, seguramente, como todo recuerdo, ya no es esa fiel copia carbónica de la realidad. El recuerdo dice que lloré. El recuerdo dice que me desgarré y me sentí morir. Morí.

Así pasó la primera de mis muertes en 2010.

Al otro día amanecí en un bosque, uno nuevo. Ahora estoy allí, oliendo el suelo mojado, cubriéndome con su barro, disfrutando el sabor de sus piedras.

lunes, 28 de diciembre de 2009

The lost cow
















Cuando diciembre da sus últimos respiros, cuando exhala débil y moribundo el aliento de un año cansado, uno más que se va - y yo que aún no entiendo porque los años se empeñan en irse- él, el gaucho viejo que hace rato ha dejado el caballo, sale, como todos los años, en busca de la vaca, esa que nunca estuvo ahí.

Su renault 12, fiel como un zaino, lo acompaña. No olvida ponerse su boina.

Mientras, esa alpargata con el yute gastado pisa el acelarador, mientras, su mano curtida por el polvo y los días mueve la palanca de cambios de segunda a tercera, mientras, él todo él sueña con que será durante este año, sí durante este y no durante otro, que pondrá fin a la leyenda de la vaca perdida.