martes, 12 de enero de 2010
La primer muerte de 2010
No sé en que momento, luego de dejar el bosque, levanté vuelo.
Sé que vi colores, muchos, comenzaron a girar, luego formaron una estrella, ¿o era un mandala?
La estrella era hermosa, tanto, que pensé en escribirle un haiku, pero enseguida caí, no parada, como los gatos, no al camino, desde donde supuestamente había levantado vuelo, caí al vacío sin nombre, tenaz y agitador donde una nada con doscientos rostros destrozó mi alma. Me rompí como el vidrio. Lastimada me desangré entre las sábanas.
Un recuerdo de ese día me llega mientras escribo esto y, seguramente, como todo recuerdo, ya no es esa fiel copia carbónica de la realidad. El recuerdo dice que lloré. El recuerdo dice que me desgarré y me sentí morir. Morí.
Así pasó la primera de mis muertes en 2010.
Al otro día amanecí en un bosque, uno nuevo. Ahora estoy allí, oliendo el suelo mojado, cubriéndome con su barro, disfrutando el sabor de sus piedras.
Sé que vi colores, muchos, comenzaron a girar, luego formaron una estrella, ¿o era un mandala?
La estrella era hermosa, tanto, que pensé en escribirle un haiku, pero enseguida caí, no parada, como los gatos, no al camino, desde donde supuestamente había levantado vuelo, caí al vacío sin nombre, tenaz y agitador donde una nada con doscientos rostros destrozó mi alma. Me rompí como el vidrio. Lastimada me desangré entre las sábanas.
Un recuerdo de ese día me llega mientras escribo esto y, seguramente, como todo recuerdo, ya no es esa fiel copia carbónica de la realidad. El recuerdo dice que lloré. El recuerdo dice que me desgarré y me sentí morir. Morí.
Así pasó la primera de mis muertes en 2010.
Al otro día amanecí en un bosque, uno nuevo. Ahora estoy allí, oliendo el suelo mojado, cubriéndome con su barro, disfrutando el sabor de sus piedras.
lunes, 28 de diciembre de 2009
The lost cow
Cuando diciembre da sus últimos respiros, cuando exhala débil y moribundo el aliento de un año cansado, uno más que se va - y yo que aún no entiendo porque los años se empeñan en irse- él, el gaucho viejo que hace rato ha dejado el caballo, sale, como todos los años, en busca de la vaca, esa que nunca estuvo ahí.
Su renault 12, fiel como un zaino, lo acompaña. No olvida ponerse su boina.
Mientras, esa alpargata con el yute gastado pisa el acelarador, mientras, su mano curtida por el polvo y los días mueve la palanca de cambios de segunda a tercera, mientras, él todo él sueña con que será durante este año, sí durante este y no durante otro, que pondrá fin a la leyenda de la vaca perdida.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Nostalgia
Hoy camino herida, sin norte, sin rumbo. Ya no veo los bosques delante, otra vez todo es niebla ¿o todo es llanto?
El viento sopla fuerte y no me deja avanzar.
Necesito seguir andando, pero el recuerdo de lo que dejé atrás me pega de frente, hunde sus puños en mi boca, escarba en mi garganta, rasguña mi pecho y rompe una de mis costillas, para usarla como cuchillo, para desgarrarme desde adentro.
El viento sopla fuerte y no me deja avanzar.
Necesito seguir andando, pero el recuerdo de lo que dejé atrás me pega de frente, hunde sus puños en mi boca, escarba en mi garganta, rasguña mi pecho y rompe una de mis costillas, para usarla como cuchillo, para desgarrarme desde adentro.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Encontrarte
Creí, durante un tiempo, que era en el bosque donde iba a encontrarte.
Me equivoqué.
El líquido amniótico que allí dentro me alimentaba está contaminado con anestesias y barbitúricos, endulzado con hongos alucinógenos que me hicieron vivir el sueño de los que buscan certezas en la niebla. Ahora lo sé.
Escapé del bosque justo cuando se prendía fuego, cuando a punto de ser devorada por las llamas, vomitando la savia amarga que por sangre cargo, me di cuenta que no estabas allí. Siempre fuiste un espejismo inalcanzable, formado por mi deseo y mi delirio y proyectado por la luna entre los árboles.
El camino está desolado, tu imagen viene a mí, no me abandona ¿qué tan cerca estás?
viernes, 4 de diciembre de 2009
Intolerable calma
| La calma se siente en el camino. Salí del bosque hace unos días, aunque bien pudieran ser meses. Me duele la garganta. En realidad, a la garganta le duele la angustia que toleró mientras mi cuerpo mudaba la piel, mientras el alma escurría esa humedad olorosa; mientras el pelo se caía, el estómago se pudría y otro nuevo comenzaba a tomar forma en su lugar. Aún conservo en mi mochila las huellas digitales de las vidas que me acontecieron, creo que no pesan tanto, pero sé que pesarán en algún momento, no muy lejano. Mientras tanto camino - la calma es intolerable - hace calor y se siente la ansiedad en el aire. Conozco sus intensiones. Ella no es una novedad para mí. Busca penetrar mi nariz para continuar castigando mis órganos. |
jueves, 19 de noviembre de 2009
Incendio
El bosque se prende fuego, justo cuando estoy levantando el equipaje, justo cuando he decidido partir.
Los troncos de los árboles caen detras mío, incendiados, incendiarios. Las hojas se dejan trepar por las llamas y rápidamente abrazan mis talones, queriendo comer mis piernas, derretirme la piel, intentando que perezca dentro de la atmósfera viciada de una vida que fue, pero que ya no es.
He decidido partir, el equipaje que cargo no va en valijas, solo en mi alma.
Delante mío otros bosques se abren, aún oscuros e inciertos, pero invitantemente tentadores.
Respiro, camino, no veo hacia atrás
Los troncos de los árboles caen detras mío, incendiados, incendiarios. Las hojas se dejan trepar por las llamas y rápidamente abrazan mis talones, queriendo comer mis piernas, derretirme la piel, intentando que perezca dentro de la atmósfera viciada de una vida que fue, pero que ya no es.
He decidido partir, el equipaje que cargo no va en valijas, solo en mi alma.
Delante mío otros bosques se abren, aún oscuros e inciertos, pero invitantemente tentadores.
Respiro, camino, no veo hacia atrás
lunes, 9 de noviembre de 2009
Piel
Perdí la piel, la cambié.
Estuve un tiempo arrastrándome, como cualquier serpiente, entre las ramas caídas, sobre el pasto mojado, sobre el barro frío, en el suelo del bosque húmedo, oscuro, pero tan mío.
Me escondí detrás de los árboles, derrapé en cuevas profundas, me encerré en agujeros que no lo eran tanto. No quise mostrarme, creo que por la verguenza que me daba el saberme desnuda, sin piel.
El bosque me muestra una salida, veo otros bosques más allá, desconocidos, tentadores... Respiro, pienso un momento y me miro a mi misma: mi nueva piel ya no me camufla en este ambiente... Creo que es hora de partir.
Estuve un tiempo arrastrándome, como cualquier serpiente, entre las ramas caídas, sobre el pasto mojado, sobre el barro frío, en el suelo del bosque húmedo, oscuro, pero tan mío.
Me escondí detrás de los árboles, derrapé en cuevas profundas, me encerré en agujeros que no lo eran tanto. No quise mostrarme, creo que por la verguenza que me daba el saberme desnuda, sin piel.
El bosque me muestra una salida, veo otros bosques más allá, desconocidos, tentadores... Respiro, pienso un momento y me miro a mi misma: mi nueva piel ya no me camufla en este ambiente... Creo que es hora de partir.
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