lunes, 14 de diciembre de 2009

Nostalgia

Hoy camino herida, sin norte, sin rumbo. Ya no veo los bosques delante, otra vez todo es niebla ¿o todo es llanto?

El viento sopla fuerte y no me deja avanzar.

Necesito seguir andando, pero el recuerdo de lo que dejé atrás me pega de frente, hunde sus puños en mi boca, escarba en mi garganta, rasguña mi pecho y rompe una de mis costillas, para usarla como cuchillo, para desgarrarme desde adentro.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Encontrarte

Creí, durante un tiempo, que era en el bosque donde iba a encontrarte.

Me equivoqué.

El líquido amniótico que allí dentro me alimentaba está contaminado con anestesias y barbitúricos, endulzado con hongos alucinógenos que me hicieron vivir el sueño de los que buscan certezas en la niebla. Ahora lo sé.

Escapé del bosque justo cuando se prendía fuego, cuando a punto de ser devorada por las llamas, vomitando la savia amarga que por sangre cargo, me di cuenta que no estabas allí. Siempre fuiste un espejismo inalcanzable, formado por mi deseo y mi delirio y proyectado por la luna entre los árboles.

El camino está desolado, tu imagen viene a mí, no me abandona ¿qué tan cerca estás?

viernes, 4 de diciembre de 2009

Intolerable calma

La calma se siente en el camino.

Salí del bosque hace unos días, aunque bien pudieran ser meses.

Me duele la garganta. En realidad, a la garganta le duele la angustia que toleró mientras mi cuerpo mudaba la piel, mientras el alma escurría esa humedad olorosa; mientras el pelo se caía, el estómago se pudría y otro nuevo comenzaba a tomar forma en su lugar.

Aún conservo en mi mochila las huellas digitales de las vidas que me acontecieron, creo que no pesan tanto, pero sé que pesarán en algún momento, no muy lejano.

Mientras tanto camino - la calma es intolerable - hace calor y se siente la ansiedad en el aire. Conozco sus intensiones. Ella no es una novedad para mí. Busca penetrar mi nariz para continuar castigando mis órganos.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Incendio

El bosque se prende fuego, justo cuando estoy levantando el equipaje, justo cuando he decidido partir.

Los troncos de los árboles caen detras mío, incendiados, incendiarios. Las hojas se dejan trepar por las llamas y rápidamente abrazan mis talones, queriendo comer mis piernas, derretirme la piel, intentando que perezca dentro de la atmósfera viciada de una vida que fue, pero que ya no es.

He decidido partir, el equipaje que cargo no va en valijas, solo en mi alma.

Delante mío otros bosques se abren, aún oscuros e inciertos, pero invitantemente tentadores.

Respiro, camino, no veo hacia atrás

lunes, 9 de noviembre de 2009

Piel

Perdí la piel, la cambié.

Estuve un tiempo arrastrándome, como cualquier serpiente, entre las ramas caídas, sobre el pasto mojado, sobre el barro frío, en el suelo del bosque húmedo, oscuro, pero tan mío.

Me escondí detrás de los árboles, derrapé en cuevas profundas, me encerré en agujeros que no lo eran tanto. No quise mostrarme, creo que por la verguenza que me daba el saberme desnuda, sin piel.

El bosque me muestra una salida, veo otros bosques más allá, desconocidos, tentadores... Respiro, pienso un momento y me miro a mi misma: mi nueva piel ya no me camufla en este ambiente... Creo que es hora de partir.

martes, 20 de octubre de 2009

Densidad

El pasto ha crecido en el bosque, yo sigo acostada, una densa capa de musgo, plantas verdes, otras no tanto, hiedras, flores salvajes, ramas y rocío, sobre todo rocío, me cubren.

Nunca hubiera creído en la espesura del rocío, su consistencia me ahoga. Muero y no me siento morir. Agonizo y disfruto la agonía.

Pensé que estaba encerrada en el bosque. Pensé que de acá no podría salir.

Me doy cuenta, recién ahora, que hay otros claustros dentro de mi propio cautiverio.

jueves, 8 de octubre de 2009

Pájaros que no vuelan

Recostada en el bosque, desde donde escribo estas líneas, he descubierto que poseo algunas certezas:

Mi vida ha sido una susceción de sueños y, viviendo unas líneas que Borges me prestara puedo decir que, en el sueño del hombre que soñaba, he despertado.

Y sigo despertando.

Despierto a un mundo polaroid, en el que hoy vivo y me niego a abandonar.

Despierto en universos que conozco y en otros que sé, jamás habitaré.

Despierto en vos.

Despierto en una muerte estética y me pregunto: por qué si soy un pájaro, no puedo volar.